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domingo, 12 de marzo de 2017

LA TARDE QUE VOLVÍ A NACER


Tengo un colega ferrolano que se llama Mito.

 

No sé su nombre real,  pero eso no importa mucho. Lo importante es que es un tío de puta madre, y un músico cojonudo.  
Toca en un grupazo  hardpop que se llama Holy Water y de los que me reivindico como fan absoluto. Al loro qué temón:





También  estuvo en Mogollica,  el mejor puto tributo a Metallica del mundo.

Si no fuera por su imagen de paisanos, por su elevado caché, y porque El Ferrol está donde da la vuelta el viento,  lo hubieran petado en el circuito de tribute-bands del globor:


Pero si hay algún artista por el cual mi amigo Mito haya sido objeto de alabanzas es por su colaboración con el gran F De FECAL.  No os perdáis su infame, a la par de sublime, cover del "Black Sabbath":


El caso es cuando le pregunté si era él quien tocaba el "sobaco-fuzz", me dijo "Qué va tío, yo soy el de la melódica" (la "melódica" no es otra cosa que el pastruz ése que  es como un tecladillo que se toca soplando por un tubo).

Seguidamente, Mito añadió: "Yo es que NO tengo superpoderes. Ya me gustaría...."

Al loreto Valverde. “No tengo súper-poderes”, me dice el prenda.

Esa afirmación me hizo pensar en la cantidad de colegas que tienen  ése tipo de “virtudes” las cuales  quizá no sirvan ni para tomar por el culo, pero que siempre fueron objeto de chanza, risas y admiración por parte de los presentes,  en alguna  de aquellas tertulias en esos tiempos pretéritos en los que compartíamos tardes de calor letal sentados en un banco de la calle;  por poner un ejemplo. 

Alguno de los muchos “superpoderosos” del barrio eran mis dos grandes amigos, los gemelos Jesús y Carlos (éste último conocido como “Halford” en los círculos artísticos).

Los Gemelos eran capaces de silbar introduciéndose cualquier dedo entre los dientes.  También hacían una cosa muy extraña con los párpados: les daban la vuelta de forma que la carne interior, de color rosado,  se les quedaba a la intemperie, y el careto resultante daba tan mal rollo que parecían monstruos mutantes.  U otra muy curiosa: se te quedaban mirando, abrían la boca mínimamente, y, en un golpe de mandíbula, les salía de las fauces un chorrete como el de las pistolillas de agua. Vamos, que te larpeaban el jepeto por la feis, ante las risas de la concurrencia.
 

Por citar, rápidamente y sin tirarme mucho el folio, a un par de personajes que tenían características mutantes, había un gitano en el barrio al que apodaban “El Espiderman de Goma”, y es que el  notas era capaz de darse un garbeo “a la pata coja”. Pero con la pantorrilla apoyada en la nuca.

Otro, mi hermano Franchu, independientemente de la altura desde la que se tirase a la piscina o el impulso que pillara, caía al agua, pero lo hacía como una boya (y no, no es ése truco en el que sumerges, te quitas el bañador, y sacas las nalgas a la superficie). Y es que al Franchu no se le hundía la cabeza.
 

Bueno, voy a finalizar éste pequeño glosario de súper-poderes, con la extraordinaria habilidad que tenía César, y así doy comienzo a éste capítulo,  que por eso le he puesto el nombre que le he puesto.

 

Como alguna vez os he comentado, desde hace muchos años, casi treinta, paso muchos días de verano y algunos puentes en un precioso pueblo de la sierra de Gredos que se llama Cuevas del Valle.
Allí, al igual que a muchos personajes reseñables en mi vida, conocí a César. Creo que le apodaban “El Maqui” o algo así. Oriundo de Alcalá de Henares, César era amigo del “Ferdi”, un chaval muy cachondo de la cuadrilla de mi hermano Rubén “el Zeta”. Pero César, debido a su carisma y peculiar forma de tomarse las cosas, enseguida se ganó el afecto y cariño por parte de diferentes parroquias, incluida la mía. 

César era muy gracioso. Bajito y flaco y con “peinado-cenicero” (muy común entre los bakalas noventeros).
pelo-cenicero.
El zagal de la foto no es César. Es Gregorio, "Que tiene un ojo fijo, y el otro giratorio".


Con las orejas puntiagudas pero ligeramente desabrochadas en la parte inferior, César utilizaba esta última facultad para quedarse con la peña: Se metía los lóbulos de ambas orejas en el oído y se ponía a moverlas de atrás hacia adelante, hasta que de repente y casi simultáneamente, hacían “flop!” y todo volvía a su sitio, ante la mirada atónita de los iniciados, y los aplausos de los múltiples fans que empezábamos a ser legión entre los Covacheros (lugareños de Cuevas del Valle). 

Con un timbre de voz aflautado, similar al de “El Pirri” (conocida estrella del cine-quinqui de los ochenta),   César tenía lo que comúnmente se conoce como “frenillo”. Esto es, que debido a un problema en la parte inferior de la lengua, las “c”, las “r” y otras consonantes las pronunciaba de forma que, en lugar de salir “ce” o “erre”, le salía un sonido algo difícil de describir.  Cuando coincidí con él aquella tarde de verano en la Estación Sur de Autobuses, hacía un año que no le veía, así que, por si no se acordaba de mí,  no dudé en presentarme:
  • “Hey! Que pasa!? Soy Roberto, el hermano del Zeta, ¿cómo lo llevas?”
  • “Dabuten. Me chindo el finde al pueblo”
  • “Pues nos vamos juntos… Por cierto, socio, ¿cómo te llamabas, que no me acuerdo?”
  • “Jshejshag”
  • “¿cómor?”
  • “Jsheeejshag”
  • “Perdona macho, pero no te pillo….”
  • “QUE ME LLAMO JSHÉJSHAG, COÑO!!!”
     
    Cómo veis, llamarse “César” y tener frenillo, es una putada cuando intentas decir tu nombre. Por eso es mejor utilizar un apodo pronunciable por todo el mundo.
     
    Cuando llegamos al pueblo, lo primero que hicimos fue intentar buscar a los parroquianos que formaban parte de la pandilla de César, y que, como os he comentado antes,  era la misma que la de mi plas.
     
    Era una tarde de calor, por lo que supusimos que estarían en la piscina, o en el río. Pero fue Jose “El Panceta”, quien nos informó de su paradero.
    Le vi cruzando por la esquina de “El Casino” (la taberna social del pueblo) en dirección al caño de agua que hay instalado en del muro de la iglesia, y  le silbé:
     
  • “fiiiiuuuu!! Aúpa ése Pancetaaa!! ¿no sabrás dónde andan mi hermano Rubén, el Ferdi, y toda ésa peña? Es que César, un colega suyo, ha venido a verles”.
     
  • “Roberto! ¿Qué pasa tronco? Éstos están en Rasquilla.  Se han subido a pasar la noche. De pedo, ya sabes…”
     
    “Rasquilla” es un paraje que, teniendo en cuenta que está en la sierra de Gredos, tampoco es que sea como para tirar cohetes, pero tiene un prado por dónde cruza el río Tormes y hay alguna charca para bañarse. En ésa época, incluso podías plantar una tienda de campaña.
    Así que cuando éramos teenagers (sin coche y con poca pasta) íbamos de vez en cuando, pegándonos una pateada brutal subiendo unos dos Kilómetros por la empinadísima Calzada Romana desde Cuevas al “Puerto del Pico”, y luego caminando por el arcén de la N-502 otros tres kilómetros más. 
    Caminar todo ése trayecto, era inviable para César.
     
  • “Cagondiolsghs”  Suspiró César, sin poder disimular su desazón.
    Pero El Panceta, truncando cualquier atisbo de preocupación al respecto, irrumpió rápidamente:
     
  • “Yo os llevo. No hay problema”. “Me he sacao el carné este año, y tengo carro!!”
     
    Así que acompañamos a José hacia su buga con intención de culminar el encuentro entre César y sus añorados amigos.
     
    Jose “El Panceta” era un chico jovial. Era a quien más se le oía cuando se ponía a cantar, fuera cual fuera el  escenario. Si en el disco-pub del pueblo (El “Zipi & Zape”) estaban poniendo a los Suaves a todo rabo, él se ponía a cantar a los Barricada, y sólo se le oía a él.  Podías estar en una calle o plaza del pueblo a varios cientos de metros de distancia del “Panceta”, que podías escuchar sus melodiosos berridos, aunque él estuviera en la otra punta.  
     
    Además, se jactaba de sus múltiples hazañas entre sus compadres, por lo que muy a menudo montaba corrillo para contar sus aventuras.
     
    Durante el trayecto a nuestro destino, y mientras subíamos las múltiples y cerradísimas curvas del valle, Jose “El Panceta”, nos contaba lo bien que le estaba viniendo lidiar con todos los tramos de carretera y caminos semi-asfaltados (y angostamente curvos) de las cinco villas, enclave dónde se encontraba el pueblo.
     
  • “Le estoy quitando el miedo”, decía orgulloso, mientras miraba a su derecha y hacia atrás, trasmitiéndonos su entusiasmo.
  • “Vale, me parece de puta madre. Pero mira pa’lante, tgonco”, le respondía César.
     
    Cuando llegamos a “Rasquilla” el encuentro fue de lo más fraternal, e inmediatamente se compartieron abrazos, besos, tabaco mezclado, tabaco sin mezclar, y una caja de botijales de “San Miguel” (en fin, en ésa zona es lo que hay), recién adquirida de la “Venta Rasquilla”, uno de los establecimientos de la zona.
     
    Pero por parte del Panceta y mío, una vez cumplimos nuestro cometido, el encuentro duró lo que dura un botellín fresquito en una tarde de verano.
     
  • “Tío, yo me tengo que pirar” dijo El Panceta, mientras finiquitaba su birra y emulaba a los sapos y ranas de la zona, con un sonoro eructo.
  • “Y yo, que  también quiero ver a los de la peña”. Le respondí.
     
    Así pues, enhebramos de vuelta a Cuevas del Valle.
    En pocos minutos ya habíamos pasado el Puerto del Pico, iniciando un descenso hacia el pueblo que consta, como he comentado, de incontables y cerradísimas curvas y muy pocos tramos rectos. 
     
    Llegando a una de ésas escasas rectas, nos topamos con un camión en nuestro carril. Pero no un camión de ésos pastruceros que tienen una caja frigorífica, o un habitáculo para transportar chatarra o del tipo de camiones que llevan los rumanos para acumular cartonaje  en el centro de la capital. No. Éste era un puto tráiler, con su cabeza tractora “Volvo”, “Man” o “San Suputamadre”, y un remolque en el que cabía toda la tabacalera española. 
     
    Comprobé su longitud cuando “El Panceta”, experimentando una simbiosis entre el Mel Gibson de “BraveHeart” cruzao con  el de Max Rockatansky (el de “Mad Max”), se puso a adelantarle, invadiendo el carril contrario. Así, sin pensar. Con dos cojones.
     
    Pero los cojones se nos introdujeron para dentro del cuerpo hasta llegar a  la boca del estómago, cuando nos topamos con un coche que venía de frente.
     
    Y de repente, como si el mundo hiciese una pausa en su rotación, todo enmudeció. El conductor del vehículo que, casi de forma inevitable se precipitaba a lo que sería un choque frontal ineludible, giró levemente su turismo hacia su derecha, invadiendo el arcén lo justo para que El Panceta se ajustara al camión, y los tres vehículos pudieran caber, de forma inverosímil, en la estrechez de la calzada. 
    El silencio se mantuvo durante al menos un minuto. Hasta que El Panceta lo rompió, diciendo ...

    • “Joder, macho. De la que nos hemos librao”  Dijo. Tras una leve pausa, continuó:
      “… No digas nada en el Pueblo.”
    • “Tranqui”. Le respondí, mientras me preguntaba “Hemos estado a punto de matarnos, y a éste sólo le preocupa su reputación como conductor ¡?”
     
  • Pero no me enfadé con él. Creo que nunca más volví a montarme en un coche conducido por Jose “El Panceta”, pero no. Ni me enfadé ni se lo reproché. Al fin y al cabo nos habíamos librado de un piñazo de consecuencias desastrosas.
     
    Por supuesto mantuve mi promesa de no contar nada a la gente de Cuevas. Pero no tuve que cumplirla más allá de unas horas, ya que, ésa misma noche, cuando estábamos  a punto de iniciar un mambo brutal en las tascas del pueblo, alguien de mi cuadrilla (no recuerdo si fue JuanCarlos “El Cafre”, Alberto “El Pato”, o “Edu-Cataratas”) me dijo…
     
    “¿Qué te ha pasado esta tarde con el fitipaldi del Panceta??” … “aja ja aja akaja . ajajjaja..”
     
    Y es que, como he dicho antes, a mi amigo Jose, conocido como “El Panceta”, le encantaba hacer corrillo y contar sus aventuras.
     
                                                                                        F I N



Ah!!

Volviendo al Mito. Sigo sin saber cuál es su nombre de pila. Pero llevo unas semanas escribiéndome con él. Siempre hablamos de rock y lo que hacemos con él (o mejor dicho, lo que el rock hace con nosotros). Ahora tiene una perfo industrial-punk-blues no se qué pollas. Y voy a intentar pegar unos berridos y escribir algo con él. A ver qué onda.

 Entre tanto, me gustaría compartir con vosotros ésa maravilla de grupo que son WINDOW PANE, y que, aunque  lo llevan intermitentemente y con calma, siempre ha sido su grupo de toda la vida, y así añadimos otro de los enésimos proyectos en los que anda metido. Y, seguramente, el más genuino:


A flipar!





jueves, 16 de febrero de 2017

PULPO BRAVO


Es como si algo me hubiera arrancado las entrañas y las hubiera metido en el congelador. Ése “algo” que decide que tanta buena gente emprenda el eterno viaje sin retorno, mientras hay gentuza que sobrevive a tumores, petardos de los gordos, u hostiazos en helicóptero (por poner tres ejemplos al azar).

No consigo hacerme a la idea de que no pueda volver a ver a mi amigo, y la impotencia me invade al pensar que justo mañana tenía planeado viajar a Guernika (junto con los compañeros de Motociclón que  tenían la posibilidad de hacerlo, y nuestros amigos Paco May y Oscar “El Protozoo” –del cual Pulpo era muy fan, según sus palabras-). Y recorrer unos cuantos cientos de kilómetros, como en los tiempos del rock, pero sustituyendo los conciertos y la jarana por un abrazo suyo.

No deja de ser paradigmático que justo cuando iba a registrar su número en mi móvil para llamarle y confirmar nuestro encuentro (ayer me hicieron el cambio de operadora y perdí un cerro de contactos), el puto teléfono me daba  un “!” y no lo guardaba. A los pocos minutos Manu Porco me llamaba para decirme que le habían sedado (poco antes él me había informado de que su estado no era como para recibir a nadie). A las pocas horas, se confirmo su expiración, y una terrible tristeza me invadió.

 

El pasado mes de octubre le pegué un tocal por teléfono. Sólo para ver que tal estaba, por hablar con él. Sin más. No lo conseguí, pero al día siguiente me llamó diciendo “¿ayer me llamaste? ¿Qué, ya te ha dicho el Manu lo de mi cáncer?”.

Se  me cayó el costo. Sólo le había llamado para que me contase cómo le iba, no tenía ni idea de su diagnóstico. Me pidió que no se lo dijera a nadie, y eso hice, hasta que el mes pasado se planteó una reunión de los Motociclón para cantarle a la puerta de su kerfo, si fuera necesario… pero los acontecimientos, y el avanzado estado de su enfermedad,  truncaron toda posibilidad de hacerlo.  No sé si este puede ser o no ejemplo de la conexión especial que teníamos mi compadre y yo. Y desde entonces, no dejé de llamarle, cada poco tiempo...




Echando la vista atrás,  cuando le conocí, Los Porco Bravo y el Motociclón ya habíamos fregao juntos muchos suelos, pero ésa noche en Villarcayo (el pueblo más rockero de Burgos y más allá) era la primera vez que coincidíamos con El Pulpo.
 Estábamos en una especie de trastienda que hacía las veces de camerino, jincando birras y poniéndonos hasta el ojal con  las viandas que nos habían puesto, cuando nos dijo “Vosotros sois mis fans”. Y es que tenía una particular forma de expresarse, dándole la vuelta a las frases.... y ése era su modo de mostrar su aprecio por nosotros. Aprecio que, con el paso de los años y los festis compartidos, se convirtió en amor mutuo.


Sí Pulpo. Nosotros somos tus fans.

En uno de los muchos encuentros que tuvimos, concretamente en el Aritzatxu Rock de Bermeo, subió a tocar “Compadre” y ésa canción nunca volvió a sonar igual….

            Ahí está. Como está grabao con un móvil pastruzer los graves saturan a topor, pero en el festi sonó de putifa.


No creo que nunca conozca a nadie con ése brillo en los ojos que hacía que su mirada definiera la bondad que poseía, o ésa particular forma de soltar las palabras, a trompicones y a un bajo volumen, que le hacían parecer un personaje de dibujos animados (además, contaba unos chistes cojonudos). Pero cuando agarraba la Les Paul y la hacía sonar, todo se paraba. Para, seguidamente, volvernos a llenar de vida con la grandeza de sus riffs.

Porque la vida se le habrá ido, pero su magia seguirá visitándome con la escucha de cada una de sus canciones.

Te echo de menos, hermano. Gracias por todo.
Por todo menos por irte tan pronto.


Maite zaitut, lagun.

aquí está el Pulpo. De chófer.
No habrá otro igual.

domingo, 25 de diciembre de 2016

25 AÑOS SIN TINO CASAL. PACO LAGUNA (OBÚS) ... y el que te cuén.



Éste año que nos deja se ha cumplido el 25 aniversario del accidente que truncó la carrera artística de Tino Casal.
Decir que murió no sería correcto, ya que los artistas de ése nivel, nunca mueren del todo ya que su legado sigue vivo.
Para conmemorar dicho aniversario, se ha editado una preciosidad de libro-homenaje. En él,  tengo el gusto de compartir estrofas con gente como Igor Paskual o el mismísimo Paco Clavel,  también con amigos a los que admiro, como El Tamar, enormes dibujantes como Mauro Entrialgo, Mr. Bratto, o Mik Baró, o la incansable Lara (Petit Pop- Undershakers) que no solo participa con un emotivo relato, sino que ha sido una de las ideólogas y coordinadoras del proyecto.
Un proyecto que se podría calificar de íntimo, abrazado por la familia y amigos, y que no tiene ningún objetivo comercial, ya que no se venderá en tiendas. Sólo se ha distribuido entre los cientos de mecenas que han hecho posible el libro.



ORO Negro. Peazo de joya, beibe.

Y os preguntaréis... ¿el Robertez en un libro homenaje a Tino Casal?
Si bien es cierto que nunca fui muy fan de su música, los heavies de mi época siempre le tuvimos mucho respeto. Tino Casal era como de otro planeta, un tío auténtico, como el mísmimo  heavy metal (antes de ayer, me crucé con el gran Pepe Mary de BellaBestia, y me decía "Joder! el Tino Casal!! era muy fan del grupo, le encantaban nuestras pintas, y estuvimos a punto de que nos produjera el disco que iba a significar nuestra vuelta en los años 90, pero sucedió lo de su accidente y no se pudo hacer. Pero le encantaban Bellabestia. Y a nosotros Tino!!"


El caso es que, aunque de rebote (mi cometido en el proyecto era poner en contacto a Fortu y Paco Laguna con Lara), al final, pude participar contando un chascarrillo. Imaginaos qué ilusión, poder hacerlo con mis Primeros Héroes....


Ahí va, pues:


Hubo canciones que en su día nos taladraron el cerebro desde la radio-fórmula y la TV (cuando existían programas de Televisión musicales desde los que dogmatizaban al rebaño del público genérico).
La mayor parte eran éxitos de temporada que, desde los medios oficiales intentaron hacer nuestros. Por otra parte, los pseudo-artistas y grupetes de pastel que las interpretaban forman, en nuestros días,  parte de la vergüenza ajena colectiva y ya sólo tienen espacio en algún programa de flashbacks que sirven para poco más que para echarnos unas risas.


Sin embargo, hay canciones que ponen banda sonora a muchas etapas de nuestra vida. Ésas canciones que, hayan formado parte o no de un espacio importante de la historia de la música, sí lo han hecho de nuestra propia historia, porque son canciones que nosotros mismos hemos convertido en hits, hayan sonado o no en la radio.
Casi desde que tengo recuerdos,  he sido un  devorador compulsivo de música (especialmente de blues, punk, pop,  soul,  -y, sobre todo- rock & heavy metal) y en general  de todo lo que no tuviera nada que ver con el tecno ni los hits de turno que nos meten por la radio o por internet (el otro día vi un anuncio que es para que se nos caiga el costo. Rezaba algo así como “¡Apúntate a MTV faker!! ¡Y te hacemos las listas con las canciones de moda!! Creamos por ti una lista de reproducción a tope guay para que no tengas que hacerla tú!! Kámon beibe!!”).


En mi caso particular tengo un recuerdo especial de mi infancia, porque al fin y al cabo, es en la infancia donde damos forma a nuestra personalidad. Y porque fueron ésos días de proto-consciencia musical las que me marcaron y me definieron como infra-ser.


Entre los años 80 – 83,  andaba por el primer grado de la EGB. La zona de Vallekas en la que me crié estaba rodeada de descampados y montículos formados por la arena y los cascotes que descargaban, casi diariamente, los camiones de los escombros, y que convertían la escombrera en una cordillera genial para la exploración y el juego.


El colegio al que iba estaba ubicado en un local vecinal e íbamos al recreo a un parquecillo público. Al lado de ése parque, coronado por un poste de la luz (un tronco que se movía más que las piernas del Elvis) había un montículo que utilizábamos como “tobogán-lumpen”.  A la salida de clase, armados con los frisos que habíamos encontrado en la escombrera, hacíamos unas carreras que eran letales. De repente, uno de los  amiguitos de competición, gritó “Subeee al coche, reina de la noche, olvida tu mal humooououor”.  “Ahí va!” –pensé- “qué guapo!”. Era la primera vez que el estribillo de una canción era ubicable en una aventurilla de extrarradio.


Mi cole estaba a unos  300 metros de mi kerfo. Como los amigos de mi calle iban a otros colegios, gozaba, digamos, de dos parroquias. La de mi clase, y la de mi barrio. Y si  con los del cole, el estribillo del “Embrujada” de Tino Casal fue el grito de guerra cada vez que nos tirábamos por la cuesta de un montículo con un friso (si alguien conseguía la tapa de una taza del váter, de tal velocidad que pillaba, se ahostiaba antes de terminar la tonadilla), con los de mi calle, fue  el “Yo sólo lo hago en mi moto” de Obús, mientras pedaleábamos por las calles sin asfalto del poblao chabolista del “cerro del tío Pio”.  “Rodando!! Fuera de controoool!!! … Rodando!! Me siento mucho mejooooououooor” ….  Gritaba, inconsciente de la conexión que existía entre ésta, y la canción que cantaba con los de mi clase…. Fue cuando, a partir de entonces, abracé al Heavy Metal.
Poderoso.... la primera cinta que me compraron.

Los niños buscan héroes. Desconocíamos el significado de palabras como “glamour”, “ambigüedad” o  “cutre-lux”, por lo que no nos metimos, ni de refilón, en aquella escena denominada “Movida Madrileña” y cuyos representantes,  con ésas pintas de enfermos perpetraban ésa musiquilla pastrucera,  estaban muy lejos de la galaxia a la que pertenecían nuestros ídolos…

Tachuelas, greñas, guitarras de flecha, chupas y camisetas rotas por la batalla, pantacas con piel de serpiente. El bajo, con forma de hacha, tenía  sangre en su filo: seguramente eran los restos de la decapitación de algún pijo. No se les veían las botas. Se movían subidos en una nube de humo de motor. Eran Poderosos como el Trueno.  Como 100 misiles nucleares.

Entonces, cuando cumplí los 10 años, mis padres me acompañaron a una tienda de electrodomésticos (que eran los sitios  dónde mayormente se podía comprar música en el barrio) y me compraron la cinta del “Poderoso como el Trueno”, el segundo y por entonces último disco de Obús. Cuando la puse en el radio-casete-mono familiar, aluciné. Y el flipe, de una forma u otra, no se me ha quitado. En esos días, me aprendí las letras y me sabía el orden de las canciones. En el interior de la carátula, ponía “Producido por Tino Casal”, y aunque hasta que no me metí en un grupo de rock, 20 años después de aquel mágico momento, no tenía ni idea qué hacía exactamente un productor, siempre me intrigó cual sería la relación entre los intérpretes de dos de las canciones más entrañables de mi vida, aunque estilísticamente, una estuviera en las antípodas de la otra.

Y ha sido Paco Laguna, el héroe que empuñaba la guitarra de flecha y aparecía en ésa mítica portada del citado “Poderoso como el trueno” quien ha aclarado las múltiples preguntas que me he hecho en torno a la relación que pudiera haber entre Tino Casal y Obús.

“Conocimos a Tino Casal a través de Zafiro,  nuestra compañía de discos. Luis Soler nos lo presentó. Vino a nuestro local de Vallekas; Tino aún no era famoso ni había pegado el pelotazo, por lo que apenas le conocíamos, pero flipamos con la cultura musical que tenía, especialmente de música Rock. Rápidamente hubo una especie de magia entre nosotros, Tino era una persona increíble y le cogimos cariño enseguida…”
 
Vuelvo a escuchar  “Prepárate” y “Poderoso como el trueno” y aparte de que me imagino que su sonido (sobre todo el del segundo) fue revolucionario para un grupo de Heavy Metal, éstos han envejecido de puta madre, muy lejos de las “modern-heces” de la época. Supongo que Tino Casal fue decisivo en esto, pero Paco me lo aclara... “Aunque las canciones ya las teníamos trilladas en el local y no se metió en la composición de las mismas,  él aportó muchísimo en las voces, los coros, los efectos… efectivamente, escuchas ésos discos  después de más de treinta años y siguen sonando actuales”.

Hace no mucho vi la interpretación que, en su día, hicieron Obús del tema homónimo del “Poderoso…” para el programa “Tocata”. Cuando escuchaba el disco, ni me perlaba que era otra voz (la del mismísimo Paco) la que interpretaba dicha canción, por lo que pensé que quizá sería idea de Tino “No fue, exactamente, idea de Tino, pero él me animó. Además, en ésa canción vimos la posibilidad de que Fortu doblase algunas líneas de guitarra, y visto el resultado del disco, lo llevamos al directo, con un resultado cojonudo.

 
Cuando  le cuento que, siendo pequeño,  los heavies de la época odiábamos el tecno, los modernillos y todo lo que se llamó “nueva ola” pero que Tino era bastante respetado por todos, apunta “Dentro de los círculos cercanos a Obús y  nuestros colegas del rollo, Tino era muy respetado. En cuanto le conocían, y eran conscientes de la cultura que tenía, no ya sólo musical sino también a nivel artístico en general (moda, diseño etc…) se lo flipaban. Con el tiempo, la gente le fue conociendo y apreciando”.  Continúa “Incluso nos influyó a la hora de elegir el vestuario en nuestro segundo disco, hasta el punto que él mismo  diseñó alguno de los modelos que utilizamos a partir del “Poderoso”. El siempre estaba, digamos “con la radio puesta”, viajaba a Londres cada dos por tres y bien se perlaba de las tendencias, o bien se lo  inventaba. Estéticamente era revolucionario, escandaloso.
 
¡Y el logo de Obús! ¡El que utilizamos desde el segundo disco y se ha convertido en nuestro icono a lo largo de nuestros más de treinta y cinco años de historia, Lo creó Tino!

Decía “Tíos, tenemos que hacer un logo que sea totalmente heavy metal”, ¡y mira si lo hizo!”



EL LOGO!
Entiendo que teniendo en cuenta que el buen rollo creado y admiración mutua existente entre el divo asturiano y el grupo de Heavy Rock Vallecano su relación trascendería a lo personal. Teoría que Paco me confirma “Salía desde por la tarde, y era bastante noctámbulo. Nosotros quedábamos a veces con él (especialmente Fortu). Él era muy popular entre las huestes de la modernidad y tenía muy buenos amigos como Almodóvar o Fabio McNamara”

Volviendo a lo musical, nos comprásemos o no los discos de de Tino Casal, muchos pensamos que, con la gran voz que tenía podría, no ya haber liderado un proyecto cercano al heavy rock, pero al  menos sí hacer alguna colaboración, o single. … No sé si los Obús, o la gente de la escena más dura, y en la cual se movía y hacía respetar, le metió el gusanillo del metal..

“Él aportó su voz en los coros. No se metió al heavy ya que cuando le conocimos él todavía no había despegado, pero cuando su rollo pegó el pepinazo, se implicó totalmente en su carrera, ya que tenía muchas galas, actuaciones en TV, giras, y debía continuar con su producción discográfica…

De todas formas, él siempre estuvo cercano al Rock. De hecho, su banda de directo era un grupo de Rock”
 
Después de aquel encuentro, y espectacular continuación, a Obús le tocaba dar otro paso. El siguiente disco, el aclamadísimo “El que más” (no en vano fue disco de platino y se llevó premios a cascoporro) fue  producido por el propio grupo, con Mark Dodson a los controles (ingeniero de artistas como Joan Jett, Ozzy Osbourne o los mismísimos Judas Priest, uno de los grupos de referencia de los propios Obús). Pero la “separación” con Tino, no fue dolorosa precisamente …

“… es que no hubo una separación cómo tal. El ya estaba triunfando como artista y, aunque no se metió en la producción, estuvo al tanto de todo el proceso. “El que más” lo produjimos nosotros, empleando todas las enseñanzas que recibimos de Tino con los discos anteriores. Nos surgió la posibilidad de hacerlo en los Estudios Mediterráneo de Ibiza (propiedad de Dave Holland, batería de los Judas en ésos tiempos).

Nada más terminarlo, se lo pusimos para que lo escuchara y le encantó. ¡Y por supuesto que colaboró! ¡Él es el autor de la portada!!

Ya te contaba que Tino era un artista excelso, y como diseñador también era un genio. Él mismo se curró a mano la maqueta en relieve de la portada y la contraportada y todos alucinamos cuando la vimos.
 
Después de todo, la relación siguió hasta los últimos días…

“Te ves menos, porque tienes compromisos, pero nos teníamos mucho aprecio.

Hubo un momento en el que Tino tuvo que interrumpir su carrera debido a un problema óseo. Tras la operación, estuvo retirado en un pueblecito de Castilla-León (creo que por Burgos). Una noche, tocamos cerca y aunque él no se pudo pasar debido a su convalecencia, vino un colega suyo y luego nos fuimos con él a hacerle una visita. Se partía de risa “¡Con las pintas que traéis, si nos ven juntos podrían pensar que estoy de baja por las drogas!” decía, irónicamente.


El accidente que acabó con Tino fue una terrible sorpresa. Habíamos estado juntos un par de días antes.

Ahora, después de tanto tiempo, te das cuenta de hasta dónde te puede marcar una persona. Ya te digo, a lo largo de más de 35 años de carrera, Obús hemos conocido a mucha gente, alguna maravillosa, pero Tino es sin duda, una de las mejores y más entrañables personas que hemos conocido”.




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La verdad es que poder redescubrir a Tino Casal ha sido un flipe. Alucinar con los Archiduques cuando Tino apenas tenía 18 castañas, o con el "Emborráchate", peazo de himno al pimple y al escanciamiento de sidra a topor.

O, ya dentro de la época del Tino Casal conocido por todxs, descubrir un hit disco-ROCK como es Billy Boy. Os dejo, respectivamente, los tres videos, para que os empapéis de la grandeza de un prenda que se estaba reinventando continuamente...