domingo, 25 de diciembre de 2016

25 AÑOS SIN TINO CASAL. PACO LAGUNA (OBÚS) ... y el que te cuén.



Éste año que nos deja se ha cumplido el 25 aniversario del accidente que truncó la carrera artística de Tino Casal.
Decir que murió no sería correcto, ya que los artistas de ése nivel, nunca mueren del todo ya que su legado sigue vivo.
Para conmemorar dicho aniversario, se ha editado una preciosidad de libro-homenaje. En él,  tengo el gusto de compartir estrofas con gente como Igor Paskual o el mismísimo Paco Clavel,  también con amigos a los que admiro, como El Tamar, enormes dibujantes como Mauro Entrialgo, Mr. Bratto, o Mik Baró, o la incansable Lara (Petit Pop- Undershakers) que no solo participa con un emotivo relato, sino que ha sido una de las ideólogas y coordinadoras del proyecto.
Un proyecto que se podría calificar de íntimo, abrazado por la familia y amigos, y que no tiene ningún objetivo comercial, ya que no se venderá en tiendas. Sólo se ha distribuido entre los cientos de mecenas que han hecho posible el libro.



ORO Negro. Peazo de joya, beibe.

Y os preguntaréis... ¿el Robertez en un libro homenaje a Tino Casal?
Si bien es cierto que nunca fui muy fan de su música, los heavies de mi época siempre le tuvimos mucho respeto. Tino Casal era como de otro planeta, un tío auténtico, como el mísmimo  heavy metal (antes de ayer, me crucé con el gran Pepe Mary de BellaBestia, y me decía "Joder! el Tino Casal!! era muy fan del grupo, le encantaban nuestras pintas, y estuvimos a punto de que nos produjera el disco que iba a significar nuestra vuelta en los años 90, pero sucedió lo de su accidente y no se pudo hacer. Pero le encantaban Bellabestia. Y a nosotros Tino!!"


El caso es que, aunque de rebote (mi cometido en el proyecto era poner en contacto a Fortu y Paco Laguna con Lara), al final, pude participar contando un chascarrillo. Imaginaos qué ilusión, poder hacerlo con mis Primeros Héroes....


Ahí va, pues:


Hubo canciones que en su día nos taladraron el cerebro desde la radio-fórmula y la TV (cuando existían programas de Televisión musicales desde los que dogmatizaban al rebaño del público genérico).
La mayor parte eran éxitos de temporada que, desde los medios oficiales intentaron hacer nuestros. Por otra parte, los pseudo-artistas y grupetes de pastel que las interpretaban forman, en nuestros días,  parte de la vergüenza ajena colectiva y ya sólo tienen espacio en algún programa de flashbacks que sirven para poco más que para echarnos unas risas.


Sin embargo, hay canciones que ponen banda sonora a muchas etapas de nuestra vida. Ésas canciones que, hayan formado parte o no de un espacio importante de la historia de la música, sí lo han hecho de nuestra propia historia, porque son canciones que nosotros mismos hemos convertido en hits, hayan sonado o no en la radio.
Casi desde que tengo recuerdos,  he sido un  devorador compulsivo de música (especialmente de blues, punk, pop,  soul,  -y, sobre todo- rock & heavy metal) y en general  de todo lo que no tuviera nada que ver con el tecno ni los hits de turno que nos meten por la radio o por internet (el otro día vi un anuncio que es para que se nos caiga el costo. Rezaba algo así como “¡Apúntate a MTV faker!! ¡Y te hacemos las listas con las canciones de moda!! Creamos por ti una lista de reproducción a tope guay para que no tengas que hacerla tú!! Kámon beibe!!”).


En mi caso particular tengo un recuerdo especial de mi infancia, porque al fin y al cabo, es en la infancia donde damos forma a nuestra personalidad. Y porque fueron ésos días de proto-consciencia musical las que me marcaron y me definieron como infra-ser.


Entre los años 80 – 83,  andaba por el primer grado de la EGB. La zona de Vallekas en la que me crié estaba rodeada de descampados y montículos formados por la arena y los cascotes que descargaban, casi diariamente, los camiones de los escombros, y que convertían la escombrera en una cordillera genial para la exploración y el juego.


El colegio al que iba estaba ubicado en un local vecinal e íbamos al recreo a un parquecillo público. Al lado de ése parque, coronado por un poste de la luz (un tronco que se movía más que las piernas del Elvis) había un montículo que utilizábamos como “tobogán-lumpen”.  A la salida de clase, armados con los frisos que habíamos encontrado en la escombrera, hacíamos unas carreras que eran letales. De repente, uno de los  amiguitos de competición, gritó “Subeee al coche, reina de la noche, olvida tu mal humooououor”.  “Ahí va!” –pensé- “qué guapo!”. Era la primera vez que el estribillo de una canción era ubicable en una aventurilla de extrarradio.


Mi cole estaba a unos  300 metros de mi kerfo. Como los amigos de mi calle iban a otros colegios, gozaba, digamos, de dos parroquias. La de mi clase, y la de mi barrio. Y si  con los del cole, el estribillo del “Embrujada” de Tino Casal fue el grito de guerra cada vez que nos tirábamos por la cuesta de un montículo con un friso (si alguien conseguía la tapa de una taza del váter, de tal velocidad que pillaba, se ahostiaba antes de terminar la tonadilla), con los de mi calle, fue  el “Yo sólo lo hago en mi moto” de Obús, mientras pedaleábamos por las calles sin asfalto del poblao chabolista del “cerro del tío Pio”.  “Rodando!! Fuera de controoool!!! … Rodando!! Me siento mucho mejooooououooor” ….  Gritaba, inconsciente de la conexión que existía entre ésta, y la canción que cantaba con los de mi clase…. Fue cuando, a partir de entonces, abracé al Heavy Metal.
Poderoso.... la primera cinta que me compraron.

Los niños buscan héroes. Desconocíamos el significado de palabras como “glamour”, “ambigüedad” o  “cutre-lux”, por lo que no nos metimos, ni de refilón, en aquella escena denominada “Movida Madrileña” y cuyos representantes,  con ésas pintas de enfermos perpetraban ésa musiquilla pastrucera,  estaban muy lejos de la galaxia a la que pertenecían nuestros ídolos…

Tachuelas, greñas, guitarras de flecha, chupas y camisetas rotas por la batalla, pantacas con piel de serpiente. El bajo, con forma de hacha, tenía  sangre en su filo: seguramente eran los restos de la decapitación de algún pijo. No se les veían las botas. Se movían subidos en una nube de humo de motor. Eran Poderosos como el Trueno.  Como 100 misiles nucleares.

Entonces, cuando cumplí los 10 años, mis padres me acompañaron a una tienda de electrodomésticos (que eran los sitios  dónde mayormente se podía comprar música en el barrio) y me compraron la cinta del “Poderoso como el Trueno”, el segundo y por entonces último disco de Obús. Cuando la puse en el radio-casete-mono familiar, aluciné. Y el flipe, de una forma u otra, no se me ha quitado. En esos días, me aprendí las letras y me sabía el orden de las canciones. En el interior de la carátula, ponía “Producido por Tino Casal”, y aunque hasta que no me metí en un grupo de rock, 20 años después de aquel mágico momento, no tenía ni idea qué hacía exactamente un productor, siempre me intrigó cual sería la relación entre los intérpretes de dos de las canciones más entrañables de mi vida, aunque estilísticamente, una estuviera en las antípodas de la otra.

Y ha sido Paco Laguna, el héroe que empuñaba la guitarra de flecha y aparecía en ésa mítica portada del citado “Poderoso como el trueno” quien ha aclarado las múltiples preguntas que me he hecho en torno a la relación que pudiera haber entre Tino Casal y Obús.

“Conocimos a Tino Casal a través de Zafiro,  nuestra compañía de discos. Luis Soler nos lo presentó. Vino a nuestro local de Vallekas; Tino aún no era famoso ni había pegado el pelotazo, por lo que apenas le conocíamos, pero flipamos con la cultura musical que tenía, especialmente de música Rock. Rápidamente hubo una especie de magia entre nosotros, Tino era una persona increíble y le cogimos cariño enseguida…”
 
Vuelvo a escuchar  “Prepárate” y “Poderoso como el trueno” y aparte de que me imagino que su sonido (sobre todo el del segundo) fue revolucionario para un grupo de Heavy Metal, éstos han envejecido de puta madre, muy lejos de las “modern-heces” de la época. Supongo que Tino Casal fue decisivo en esto, pero Paco me lo aclara... “Aunque las canciones ya las teníamos trilladas en el local y no se metió en la composición de las mismas,  él aportó muchísimo en las voces, los coros, los efectos… efectivamente, escuchas ésos discos  después de más de treinta años y siguen sonando actuales”.

Hace no mucho vi la interpretación que, en su día, hicieron Obús del tema homónimo del “Poderoso…” para el programa “Tocata”. Cuando escuchaba el disco, ni me perlaba que era otra voz (la del mismísimo Paco) la que interpretaba dicha canción, por lo que pensé que quizá sería idea de Tino “No fue, exactamente, idea de Tino, pero él me animó. Además, en ésa canción vimos la posibilidad de que Fortu doblase algunas líneas de guitarra, y visto el resultado del disco, lo llevamos al directo, con un resultado cojonudo.

 
Cuando  le cuento que, siendo pequeño,  los heavies de la época odiábamos el tecno, los modernillos y todo lo que se llamó “nueva ola” pero que Tino era bastante respetado por todos, apunta “Dentro de los círculos cercanos a Obús y  nuestros colegas del rollo, Tino era muy respetado. En cuanto le conocían, y eran conscientes de la cultura que tenía, no ya sólo musical sino también a nivel artístico en general (moda, diseño etc…) se lo flipaban. Con el tiempo, la gente le fue conociendo y apreciando”.  Continúa “Incluso nos influyó a la hora de elegir el vestuario en nuestro segundo disco, hasta el punto que él mismo  diseñó alguno de los modelos que utilizamos a partir del “Poderoso”. El siempre estaba, digamos “con la radio puesta”, viajaba a Londres cada dos por tres y bien se perlaba de las tendencias, o bien se lo  inventaba. Estéticamente era revolucionario, escandaloso.
 
¡Y el logo de Obús! ¡El que utilizamos desde el segundo disco y se ha convertido en nuestro icono a lo largo de nuestros más de treinta y cinco años de historia, Lo creó Tino!

Decía “Tíos, tenemos que hacer un logo que sea totalmente heavy metal”, ¡y mira si lo hizo!”



EL LOGO!
Entiendo que teniendo en cuenta que el buen rollo creado y admiración mutua existente entre el divo asturiano y el grupo de Heavy Rock Vallecano su relación trascendería a lo personal. Teoría que Paco me confirma “Salía desde por la tarde, y era bastante noctámbulo. Nosotros quedábamos a veces con él (especialmente Fortu). Él era muy popular entre las huestes de la modernidad y tenía muy buenos amigos como Almodóvar o Fabio McNamara”

Volviendo a lo musical, nos comprásemos o no los discos de de Tino Casal, muchos pensamos que, con la gran voz que tenía podría, no ya haber liderado un proyecto cercano al heavy rock, pero al  menos sí hacer alguna colaboración, o single. … No sé si los Obús, o la gente de la escena más dura, y en la cual se movía y hacía respetar, le metió el gusanillo del metal..

“Él aportó su voz en los coros. No se metió al heavy ya que cuando le conocimos él todavía no había despegado, pero cuando su rollo pegó el pepinazo, se implicó totalmente en su carrera, ya que tenía muchas galas, actuaciones en TV, giras, y debía continuar con su producción discográfica…

De todas formas, él siempre estuvo cercano al Rock. De hecho, su banda de directo era un grupo de Rock”
 
Después de aquel encuentro, y espectacular continuación, a Obús le tocaba dar otro paso. El siguiente disco, el aclamadísimo “El que más” (no en vano fue disco de platino y se llevó premios a cascoporro) fue  producido por el propio grupo, con Mark Dodson a los controles (ingeniero de artistas como Joan Jett, Ozzy Osbourne o los mismísimos Judas Priest, uno de los grupos de referencia de los propios Obús). Pero la “separación” con Tino, no fue dolorosa precisamente …

“… es que no hubo una separación cómo tal. El ya estaba triunfando como artista y, aunque no se metió en la producción, estuvo al tanto de todo el proceso. “El que más” lo produjimos nosotros, empleando todas las enseñanzas que recibimos de Tino con los discos anteriores. Nos surgió la posibilidad de hacerlo en los Estudios Mediterráneo de Ibiza (propiedad de Dave Holland, batería de los Judas en ésos tiempos).

Nada más terminarlo, se lo pusimos para que lo escuchara y le encantó. ¡Y por supuesto que colaboró! ¡Él es el autor de la portada!!

Ya te contaba que Tino era un artista excelso, y como diseñador también era un genio. Él mismo se curró a mano la maqueta en relieve de la portada y la contraportada y todos alucinamos cuando la vimos.
 
Después de todo, la relación siguió hasta los últimos días…

“Te ves menos, porque tienes compromisos, pero nos teníamos mucho aprecio.

Hubo un momento en el que Tino tuvo que interrumpir su carrera debido a un problema óseo. Tras la operación, estuvo retirado en un pueblecito de Castilla-León (creo que por Burgos). Una noche, tocamos cerca y aunque él no se pudo pasar debido a su convalecencia, vino un colega suyo y luego nos fuimos con él a hacerle una visita. Se partía de risa “¡Con las pintas que traéis, si nos ven juntos podrían pensar que estoy de baja por las drogas!” decía, irónicamente.


El accidente que acabó con Tino fue una terrible sorpresa. Habíamos estado juntos un par de días antes.

Ahora, después de tanto tiempo, te das cuenta de hasta dónde te puede marcar una persona. Ya te digo, a lo largo de más de 35 años de carrera, Obús hemos conocido a mucha gente, alguna maravillosa, pero Tino es sin duda, una de las mejores y más entrañables personas que hemos conocido”.




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La verdad es que poder redescubrir a Tino Casal ha sido un flipe. Alucinar con los Archiduques cuando Tino apenas tenía 18 castañas, o con el "Emborráchate", peazo de himno al pimple y al escanciamiento de sidra a topor.

O, ya dentro de la época del Tino Casal conocido por todxs, descubrir un hit disco-ROCK como es Billy Boy. Os dejo, respectivamente, los tres videos, para que os empapéis de la grandeza de un prenda que se estaba reinventando continuamente...









viernes, 25 de noviembre de 2016

HOSTIA NUMERO DOS

Hey!!


Que el día de la presentación de "La Vida es un Bar (VK)" será el próximo miércoles, 30N, en "La Esquina del Zorro", uno de los rincones culturales más entrañables del barrio.


Ahí estaremos...  y hablaremos del libro entre música y cerveza!!!!






Entretanto, os Adelanto otro piñazo de la trilogía con la que he participado





Hostia número 2:

“El partidillo del descampao”


El Jimmy Jazz pilló tal popularidad que se petaba hasta el punto de que no se podía entrar debido a sus limitaciones de espacio, por lo que pasados unos pocos años, se tuvieron que mudar al local donde está actualmente.

En aquella primera época, alternábamos los mocarrales en el Jimmy jazz con las trufas letales en el garito conocido como “Sala Green”, lugar dónde hicimos algún concierto los “Lipotimia” grupo con el que hice mis primeros pinitos como cutre-singer del rock.  Además, ambos estaban en la zona del Alto del Arenal, por lo que nos pillaba muy cerca el uno del otro: primero cerrábamos el Jimmy y luego hacíamos lo propio con La Sala Green, de dónde salíamos a las ocho de la mañana como auténticos zombies, subiendo por la calle Carlos Solé hasta llegar a la calle Pablo Neruda, que es donde me crié, y dónde Miguel “El Gordo” regentaba una bodega que era una risa.


En dicha bodega se han producido alguno de los hechos más surrealistas que he podido vivir estando en una tasca; como cuando de repente apareció un prenda diciendo:


  • “Hola, buenas tardes. Perdón, ¿es aquí donde venden impresoras a 2 talegos?”
  • “Sí” –contestó el Gordo- “Están detrás de la tragaperras”.
    U otra vez,  en la que me decía
  • “Roberto, te vendo un queso”
  • “¿un queso?”
  • “Sí, a un talfi. Píllaselo a tu madre, La Nani”. “Un kilo y medio de queso, del Cortinglés a la bodega”
    En otra ocasión, le fui a pagar  un refresco con un billete de 500 pesetas y me dijo:
  • “¿qué pasa Rober? ¿me vas a hacer cambiarte? ¿no tienes nada más pequeño??”
  • “Joder, es que lo único suelto que tengo son 15 pesetas”, le contesté.
  • “Trae. Me vale. Pero no me jodas con tener que cambiarte el billete, que hoy no me apetece currar de más”. Sentenció.
    ¿Os acordáis de la serie “Twin Peaks”, que empezaba con una historia en la que salía la voz de un policía diciendo “Laura Palmer, la han encontrado muerta, envuelta en un plástico”?
    Pues El Gordo tuvo a “Laura Palmer” de pincho durante unas semanas, ya que tenía un lacón gigante, que estaba envuelto en un plástico al que nunca cambiaba y que cada vez tenía peor aspecto.
  • “Gordo! Dos botellines!”
  • ¿Y de pincho”? ¿quieres un cacho de Laura Palmer, que está envuelta en un plástico?
  • “Extraordinario!!”
    Jajaja, mi plas tiene otra …

ZETA:  Andábamos de fies por Vallekas. El  rollo es que acabamos el Kake, Robertez, el Chiquitín, el Chuki, una chavala del pueblo Vk, de la cual no recuerdo el nombre, y yo.

Pillamos del kelfo de Chiquitín un jamón, incluido jamonero y subimos los seis en el coche del Kake, rumbo a la Bodega. Cuando el Gordo ve un jamón se pone nervioso. Mover?....se mueve poco, pero con esa materia prima, en dos movimientos……jamonero, jamón y cuchillo….

Tras pedir una caja de botellines, nos pusimos a comer jamón todo el barrio.

Lo bueno de todo esto, es que jamón sobró…claro que sobró!

¿Qué hizo el Gordo?...Estuvo vendiendo bocatas de jamón como poco dos semanas, y dudo que no vendiera también el hueso para caldo”



Si la hora y la cifra lo permitían –el estado físico era lo de menos-, íbamos a dicha bodega. Si veníamos de la Sala Green, pasábamos por delante del colegio “Santo Domingo”. Justo enfrente había un descampado donde había una pequeña barriada formada por casas bajas.


Aquella mañana, iba con mi compadre José “El mechas” (aunque tenía otros apelativos, como “El Pestañas” o el “Osito Padington”), guitarrista de los Lipotimia, y uno de los tíos más simpáticos de cara a afrontar una noche de juerga.

El otro compañero era mi gran amigo Oscar “El Protozoo”.


Es curioso que estando en un estado lamentable, el recorrer un pequeño descampado de apenas 100 metros te puede suponer una hora de reloj. El caso es que de repente, el “Proto” apareció con la tapadera de un bote de cola-cao, dispuesto a echar una “pachanguita”…


  • “¿A que no me la quitáis, cabrones?” dijo, con una sonrisa desafiante.
  • “Pin pan… y pin pan…”  se repetía a sí mismo mientras se pasaba la tapa del bote de un pie a otro.
  • “¿Qué no?, ¡Ya verás!” soltó “El mechas” mientras se lanzaba a por él.
    Yo,  en un primer momento, pasé de participar en el juego. “Estoy yo ahora como para hacer deporte”, pensaría –si es que en el estado en el que estábamos era capaz de pensar algo-, y me mantuve al margen del partidillo improvisado. Pero de repente, la tapa de cola-cao salió disparada de la nube de polvo que estaban montando mis amigos, hasta caer en mis pies, y entonces me vine arriba:
  • “Al loro, señooooraaa!!, que la Pilla Paulo Futre, se la lleva por la banda….”
    Gritaba, mientras corría a toda la velocidad que me permitían mis piernas, sin quitarle ojo a la tapa que servía de pelota, y al propio suelo, que hacía las veces de terreno de juego. Hasta que me topé con el bordillo dónde empezaban las casas, tropezando con vehemencia con dicho bordillo.
    Si estampas tu careto contra un muro tras un tropiezo después de estar corriendo a 30 kms por hora, y ése tropiezo se produce a apenas metro y medio de dicho muro, La fuerza del impacto resultante no os la puedo dar en cifras, pero lo que sí puedo asegurar es que tu rostro se queda dibujado en la pared, como si fuera una cara más de las conocidas como “Las caras de Bélmez”.
    Los dientes, los volví a salvar. La sonrisa no tanto.

Habían pasado apenas unos meses del piñazo en el Paseo del Prado. Así que cuando llegué ése lunes al curro, lo primero me dijeron mis compañeros fue:

  • “Pero Roberto!, ¿qué te ha vuelto a pasar en la cara?”
  • “Nada, que estaba jugando de portero, me tiraron un lanzamiento ajustado, y me comí el poste”
  • “Que no. Loco. Eso es que te volvieron a partir la boca de una hostia, ché”  volvió a decir Ronaldo, a ritmo de tango, mientras se levantaba de la mesa y bailaba, graciosamente, otro tanguillo.

viernes, 4 de noviembre de 2016

HOSTIA NUMERO UNO ....

Hola!


Abajo os dejo el primer capítulo de una pequeña trilogía sobre alguno de los más solemnes piñazos que me he dado.
Esta trilogía está incluída en el libro "La Vida Es un Bar (Vallekas)", coordinado por Ana Grandal y Begoña Loza. En cuanto esté en las tiendas, haya fregaos y eventos alrededor de éste Libro lo mismo subo alguno más...


Ah! La portada es de mi compadre JAVIERRE. Mirad cómo mola (la cubierta, claro):




Puedo jactarme y me jacto de que nunca me metí en una bronca, más allá de mandar a que se lavara el cuello al aspirante a protagonista de la misma.

Y menos en un bar,  escenario potencial de jaranas y trifulcas donde los vinagres, ésos personajes de mal vino, pululan sin descanso, contrastando con el buen rollo que se respira; al menos en los garitos y tascas que he frecuentado en Vallekas en mi larga trayectoria como cliente de tugurio-rock, que me ha mantenido dándole al pimple, al air-guitar  y al bailoteo durante más de 25 años.
Eso sí, en un ejercicio de absoluto chovinismo, las hostias me las he dado yo.  No me hizo falta encajar ningún gancho en la jeta, patada voladora ni nada parecido.

Además, el tipo de galletones a los que me refiero muchas veces son motivo de chanza y risas entre los que suelen presenciarlas, así que sin mucho preámbulo más, os voy a desgranar tres que me ocurrieron en diferentes escenarios, para que os partáis el culo un rato…








Hostia número 1:
“¿Vamos al  nuevo garito que han abierto  en el barrio, y que se llama como la canción de los Clash?”
En los años noventa, de todos  los nuevos grupos que sacaban discos y hacían giras, mis favoritos, sin dudarlo, eran un power-trio irlandés que se llamaban “Therapy?”. Y mira que en ésos años había grupos guapos y modernos, Nirvana, Supersuckers, Pearl Jam, Soundgarden… pero los Therapy? molaban mil. Eran punkies, y a la vez, poperos y metaleros… y cada vez que venían a tocar a Madrid, nos juntábamos unos cuantos del barrio para ir a verles.

En ésa época, los grupos que estaban en el underground pero que tenían grandes aspiraciones a petarlo, tocaban en la mítica sala Revólver de la calle Galileo.  Así que aquella tarde primaveral del meridiano noventero, El Lillo, El Imanol, mi plas “El zeta” y yo, acudimos a la llamada del rock y nos presentamos por las inmediaciones de la zona de “Argüelles”.
Cuando gran parte de la cuadrilla está en el paro, otros curran a cachos, algunos “malestudian” y el resto son becarios (como era mi caso), una forma de rentabilizar las 1300 pesetas del presupuesto medio  y empezar la jornada nocturna con alegría,  era practicar el deporte conocido popularmente como “Sinpa”.  Es decir, salir de najas del establecimiento sin abonar las viandas consumidas.

En el barrio nunca lo hacíamos, pero estando en el distrito de Moncloa, quizá por un rollo de “lucha de clases” lo de enhebrar sin pagar, haciéndose el longui o saliendo de estampida, era un recurso que se practicaba con devoción, siempre que lo permitiera la ocasión.
Justo enfrente del Revólver había un bareto que siempre se petaba antes de los conciertos en dicho club. Y donde parábamos para jincarnos las primeras birras y comernos unos bocatas de panceta con pimientos que estaban del copón.


  • “¿Qué va a ser, por ahí?”

  • “ Cuatro tercios del mau, y otros tantos bocadillos de panceta, jefe”

     
    No recuerdo muy bien cuál fue la conversación previa a la hazaña, pero por lo general, contábamos chistes, o hablábamos de música. Hasta que alguien dijo:
     

  • “¿Qué? ¿nos hacemos un sinpa?

  • “Fale. Yo pago los tercios para que el camarero se relaje, que no nos quita el ojo de encima, y a la que vuelva, cuento hasta tres, y nos chindamos por patas”. Propuse.
     
    Y eso hice. Le dije al camarero que se cobrara los tercios, que yo convidaba a mis colegas, pero que los bocatas los pagaríamos a pachas… y cuando me di la vuelta, aprovechando que el dependiente estaba en la caja, vi que mis amigos  estaban saliendo escopetaos por la puerta, dejándome como única alternativa unirme a la desbandada. Qué cabrones, ni cuenta atrás ni pollas.

    Cuando estaba adelantando a mi hermano Rubén “El zeta”, nos miramos el uno al otro en medio de la carrera,  éste se puso a hacer muecas y a poner caretos, y,  mientras nos partíamos el culo de la risa, de repente, desapareció del plano: se había tropezado, por gañán, cayendo en plancha en el adoquinado del número 26 de la calle Galileo, que era donde estaba el Revólver de marras.

    De todas formas, tengo por aquí a mi hermano, para que nos dé su visión…


ZETA:  1, 2…y el cabrón del Imanol ya estaba picando entrada, el Lillo por otro lao, Roberto detrás de mí y al momento….Ostión!!!!, a chupar bordillo!...Bordillo que chupé con mi bomber  recién estrenada, chupa que compré esa misma  semana a la hermana del “Chispitas” (gran persona) en Antón Martín. A pesar del hostión la chupa solo pilló unas bolitas en la manga derecha.


La movida quedó en un galletón gracioso, pero que podía haber sido peor, ya que su cabeza quedó a unos centímetros del bordillo de la acera. Lo que no sabíamos es que esto sería un pequeño aviso para lo que vendría después…


El concierto estuvo de puta madre, y jarana post-conciertil fue letal, debido a que fuimos a un garito que estaba en la misma calle, regentado por un compadre de nuestro pueblo y que inauguraba justo ése día,  por lo que pimplamos macetas de birra  “3 por 1” como si no hubiera un mañana, hasta que el Lillo dijo “ Y si vamos al nuevo garito que han abierto en el barrio, y que se llama “Jimmy Jazz”? “Ostia, un garito que se llama como una canción de los Clash, seguro que está de puta madre” –pensé- . Además,  mi hermano y yo vivíamos a 200 metros del recién estrenado rock-bar.


No sé cómo ni de qué manera, paramos un taxi para que nos llevase al barrio, y a mitad del trayecto, estando parados en un semáforo del Paseo del Prado a la altura del botánico, a mi plas le dio un amarillo como de echar la cabra, y no se le ocurrió otra cosa que pillarse la costura inferior  de la  camiseta y volcársela por encima de de la cabeza hasta la nuca (como hacen algunos futbolistas cuando meten gol). En esa pose, notamos que empieza a salir la criatura de sus fauces.


Imaginaos el efecto que puede tener el potarse encima de una prenda textil que te tapa toda la cara.


El taxista, mosqueado por los extraños movimientos que se perpetraban en los asientos traseros de su vehículo, y por el olor al vómito recién expulsado,  tras jiñarse, con gracioso acento gallego, en todos los santos del calendario, nos dice que nos piremos… -“Bájense!! .. - ¿Y ahora?! ¿Quien se me va a montar en el tasis?” –

ZETA: Los mareos de la muerte se apoderaron de mi persona...me dio un vuelco el estómago, y sucedió lo inevitable; la cabra inundó la camiseta de los Therapy?  Comprada horas antes. De fondo se oía la voz del chófer,  con un acento gallego brutal, diciendo: “No me vomitéis en el taxi”, a lo que yo no pude hacer caso...
Por no discutir con el pobre profesional, abandonamos el vehículo en el Paseo del Prado, a la altura del McDonald’s.
A partir de ahí, no recuerdo si cogimos otro ciervo, pillamos el búho….o qué!!!!. Ni de cómo, ni de qué manera llegamos al barrio….Con un moko tela…..seguro!


Total, que salimos del ciervo justo en el momento en el que se abrió el semáforo, enfrentándonos al sorteo de los automóviles que arrancaban, y encontrándonos, como último obstáculo, con  la valla que separa la acera de la calzada. Primero la saltó El Imanol (que realmente se llama “Ismael”), luego El Lillo, a quien siguió El Zeta (con el mapa de Mongolia repartido entre el careto y la camiseta), y luego yo:

Pillo la barandilla con la mano izquierda y pego un brinco; confiado,  pero sin lograr elevar el pie lo suficiente como para cumplir mi objetivo. Los 47 ranchera que uso como tallaje en la peana me traicionaron.  Y mi cara se fue directa al suelo, impactando veloz y bruscamente contra la acera.

Los dientes los salvé por tablas, pero se me pusieron los morros que no me pude reír en semanas.


Y desde luego, cómo jode que te duela la sonrisa.


En ésa época, como os he dicho, curraba de becario. Era un curro de puta madre en las oficinas centrales de un banco. Mi jefe, Ronaldo-Hugo, que era argentino, aprovechaba cualquier ocasión para cantarse alguna de Carlos Gardel, mientras se pegaba unos pasos de tango.
Cuando llegué ése lunes al curro, lo primero me dijeron mis compañeros fue:

  • “Pero Roberto! ¿qué te ha pasado en la cara?”

  • “Nada, que un colega me ha dejado un voltio en su bicicleta y me he comido un árbol”

  • “Que no. Loco. Eso es que te partieron la boca de una hostia, ché” -  dijo Ronaldo, a ritmo de tango, mientras se levantaba de la mesa y bailaba, graciosamente, un tanguillo.